Los estudios sobre restricción calórica en animales mediante ayuno intermitente han constatado la reducción en la aparición de diabetes, así como una disminución de los niveles de glucosa en ayunas y de las concentraciones de insulina. Los estudios realizados en seres humanos hasta la fecha indican que el ayuno intermitente permite una mayor captación de glucosa mediada por insulina, pero no se ha observado por el momento ningún efecto sobre los niveles de glucosa en ayunas o sobre las concentraciones de insulina.
Por lo que respecta al riesgo de enfermedad cardiovascular, los estudios en animales muestran que el ayuno intermitente reduce los niveles de colesterol total y los de triglicéridos, así como la frecuencia, y a su vez disminuye la presión arterial y mejora la respuesta cardíaca frente a la isquemia o infarto agudo de infarto de miocardio. En seres humanos se dispone de menos estudios, pero los datos hasta la fecha sugieren un incremento de la concentración de colesterol HDL (el colesterol "bueno") y una reducción de de triglicéridos (grasas), si bien no se han obtenido datos sobre una posible reducción de la presión arterial. En cuanto al riesgo de cáncer, aunque no se han obtenido resultados positivos en humanos hasta la fecha, los estudios realizados en animales han observado una reducción del riesgo de ciertos tumores como el linfoma.
La restricción calórica frente al ayuno intermitente
La restricción calórica se define como una reducción en el consumo de energía sin llegar a la desnutrición, y se ha comprobado en múltiples estudios que aumenta la esperanza de vida, mejora algunos parámetros fisiológicos del organismo y reduce el riesgo metabólico y otros factores de enfermedad crónica en varias especies de mamíferos. Los regímenes mediante restricción calórica consisten en la reducción de la ingesta de alimentos al 60-85% de las necesidades energéticas diarias.
Existe una alternativa a la restricción calórica tradicional, que consiste en un régimen dietético de días de ayuno alternantes, conocido como ayuno intermitente. El ayuno intermitente en general implica una restricción casi total (es decir, un "día de ayuno"). Los períodos de ayuno son típicamente de 1 día cada uno, pero pueden variar. Generalmente, este día de ayuno suele ir precedido de un "festín" (incremento ad libitum de la ingesta) el día previo, ya que un punto clave sobre el enfoque del ayuno intermitente es que la ingesta total de calorías no debe limitarse, sino que lo único que varía sería la frecuencia con la que consumimos estos alimentos. En otras palabras, no se trata de reducir el número total global de calorías ingeridas, sino de que durante un período (generalmente de 24 horas) el cuerpo pueda experimentar una disminución significativa de la ingesta de alimentos. Por tanto, los beneficios del sistema no disminuyen si durante los días previos y posteriores al ayuno ingerimos un poco "de más" (si bien esto no es completamente necesario, y depende de factores individuales como la constitución corporal, la presencia de sobrepeso, etc).
Los beneficios del ayuno intermitente
Curiosamente, las "modas" también están presentes en el ámbito de la salud. Piense el lector en el siguiente ejemplo:
- "El pescado azul es bueno para porque contiene Omega-3, que son muy sanos..."
- Sin embargo, no deberíamos consumir pescado azul, porque podría estar contaminado con metales pesados (por ejemplo, mercurio)..."
- "Bueno, de todos modos, el pescado azul parece ser que sí que es bueno porque las últimas pruebas demuestran que en realidad no está tan contaminado con metales pesados..."
- "No, el pescado azul es malo porque la industria de la pesca es la que financia ese tipo de pruebas..."
... y así sucesivamente
Pues bien, con el tema del ayuno ha sucedido algo similar. Desde hace tiempo sabemos que comer varias comidas pequeñas al día es altamente beneficioso para la salud, ya que evita que el cuerpo entre en "modo de hambre" y comience a acumular grasa al pensar que nos encontramos en época de escasez. Así, mantener una fuente constante de proteínas, grasas y carbohidratos durante todo el día permite que no haya grandes fluctuaciones en nuestro nivel de azúcar en la sangre debidas a incrementos o descensos bruscos de la insulina (la insulina aumenta en la sangre después de las comidas). Por tanto, nuestro organismo estaría menos predispuesto a almacenar la grasa y más inclinado a quemar el excedente de grasa. Según esta concepción, Dios nos ampare si omitíamos el desayuno, o nos saltábamos la cena, especialmente de forma periódica, ya que esto podría hacer estragos en los delicados sistemas hormonales que nos mantienen en equilibrio homeostático.
Sin embargo, ahora esta concepción está comenzando a cambiar ligeramente. Un gran número de estudios realizados en los últimos 15 años sugieren que el ayuno periódico podría tener resultados espectaculares, no sólo sobre la reducción del tejido adiposo corporal, sino sobre la salud y el incremento de la longevidad. El artículo que comentamos, publicado en American Journal of Clinical Nutrition (Revista Americana de Nutrición Clínica), resume ampliamente estos beneficios, entre los que se incluyen la disminución de la presión arterial, la reducción de los procesos de oxidación (y, por tanto, de radicales libres), el incremento de sensibilidad a la insulina (recordemos que la diabetes tipo 2, la de inicio en la edad adulta, se caracteriza principalmente por un incremento en la resistencia a la insulina), así como la disminución del tejido graso.
Desde una perspectiva evolutiva, es lógico pensar que nuestros predecesores vivieron con seguridad a lo largo de ciclos regulares en los que se alternaba la escasez y la abundancia de alimentos (invierno y verano, sin ir más lejos). Así, nuestro organismo habría establecido mecanismos de protección para adaptarse a estas condiciones mediante la sensibilización de los receptores de insulina cuando es fundamental "aprovechar" cada gramo de alimento ingerido transformándolo en grasa, o mediante la desensibilización de los receptores de insulina en épocas de excedente, con la finalidad de no cargar excesivamente el organismo con grasa cuando no es necesario.
En fin, sabemos que el cuerpo es sabio. No obstante, no olvidemos que el mundo moderno se parece poco a las condiciones en las que ha vivido el ser humano durante la gran mayoría de nuestra existencia como especie. Quizás ayunar un día al mes (en función de las necesidades individuales) nos ayude a sintonizar nuestro cuerpo.

REFERENCIAS
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- Mattson MP, Wan R. Beneficial effects of intermittent fasting and caloric restriction on the cardiovascular and cerebrovascular systems. J Nutr Biochem 2005;16:129–37
- Heilbronn LK, Ravussin E. Calorie restriction and aging: review of the literature and implications for studies in humans. Am J Clin Nutr 2003;78:361–9
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- Manco M, Mingrone G. Effects of weight loss and calorie restriction on carbohydrate metabolism. Curr Opin Clin Nutr Metab Care 2005;8:431–9
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