Septiembre 2007 Nutrición y enfermedad cardiovascular
EN EL MOMENTO actual, la enfermedad cardiovascular sigue siendo una de las causas más importantes de mortalidad en todo el mundo. Aunque los factores genéticos y la edad son factores importantes en la determinación del riesgo, hay otros factores como la hipertensión, la hipercolesterolemia, la resistencia a la insulina, la diabetes y algunos factores relacionados con el estilo de vida como el tabaquismo y la dieta representan factores de riesgo importantes asociados con la enfermedad (Ref. 1). Durante los últimos años se ha enfatizado principalmente en la relación entre los niveles de colesterol en la sangre y el riesgo de enfermedad coronaria (Ref. 2). De hecho, múltiples estudios han relacionado de forma incuestionable la hipercolesterolemia como uno de los factores causales más importantes en la aterogénesis. Otro aspecto que ha quedado muy patente con los estudios realizados es el hecho de que desde sus primeros inicios, la aterogénesis tiene un importante componente inflamatorio. La cuestión es: ¿por qué tiene lugar esta inflamación? Se piensa que uno de los factores principales que la provocan es la oxidación lipídica. Así, la inflamación, unida a la hipercolesterolemia, serían dos factores igualmente importantes para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular. Un problema al que nos enfrentamos a la hora de planificar estudios que ayuden a resolver estas cuestiones es la dificultad para evaluar de forma prospectiva la relación causal de la nutrición o el ejercicio físico sobre la aparición de eventos cardiovasculares tales como infarto o ictus cerebral. Uno de los motivos más importantes es que la historia natural de estos problemas suelen ser extremadamente larga. Sabemos que las personas que consumen más frutas y vegetales suelen tener menos factores de riesgo cardiovasculares, incluyendo hipertensión, obesidad y diabetes mellitus tipo 2. Sin embargo, los mecanismos biológicos por los que las frutas y vegetales podrían ejercer sus efectos no están totalmente claros, y probablemente sean múltiples. Muchos nutrientes presentes en las frutas y vegetales (incluyendo la fibra, el potasio y los folatos) podrían ser responsables de forma independiente o conjunta de la aparente reducción del riesgo cardiovascular (Ref. 3,4). Otros aspectos importantes podrían ser el hecho de que las frutas y vegetales posean una baja carga glicémica (la carga glicémica se refiere a la cantidad de glucosa contenida en una porción habitual del alimento en cuestión). Además del ejercicio físico, los antioxidantes y la L-arginina han demostrado efectos beneficiosos en las lesiones de aterosclerosis. El ejercicio físico extenuante, sin embargo, puede producir un exceso de radicales libres que sería perjudicial. Ciertamente, existe una creciente controversia acerca de los efectos beneficiosos de los antioxidantes sobre la enfermedad cardiovascular y otras causas de muerte (véase Digitalis Nº9 Abril 2007 - Monográfico "Antioxidantes y mortalidad" ). Al parecer, el consumo de antioxidantes podría tener un efecto positivo principalmente sobre la progresión a largo plazo de las lesiones incipientes, pero no necesariamente modular la evolución de lesiones ateroscleróticas avanzadas preexistentes (Ref. 5). Si esto se confirmara, la conclusión principal sería que el beneficio máximo de los antioxidantes se consigue mediante la prevención desde edades tempranas, cuando todavía no existen placas en estado avanzado en las arterias. Por este motivo, sería importante averiguar el papel que juegan los antioxidantes investigando la progresión de las lesiones ateroscleróticas en adultos jóvenes. Se ha postulado que este tipo de intervenciones podría incluso prevenir el desarrollo de estas lesiones durante el desarrollo fetal (Ref. 6). A continuación describimos algunos de las sustancias que han recibido más atención en los últimos años por sus propiedades y su capacidad de frenar el desarrollo de la enfermedad cardiovascular:
Es un carotenoide presente en los tomates que ha recibido mucha atención de los últimos años (Ref. 7,8). Un número creciente de estudios han mostrado una relación inversa entre el consumo de tomates y los niveles sanguíneos de licopeno y el desarrollo de enfermedad cardiovascular (Ref. 9, 10). Sin embargo, también existen algunos resultados controvertidos, y algunos están postulando la necesidad de identificar factores genéticos o marcadores individuales capaces de predecir que personas se encuentran en un mayor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Por este motivo, los estudios a largo plazo deberían caracterizar muy pormenorizadamente las características de los objetos que participan en ellos.
Los polifenoles son los antioxidantes más abundantes en la dieta. Las fuentes dietéticas más comunes son los jugos de frutas, té, café, vino rojo, cereales, chocolate y legumbres (Ref. 11,12). A pesar de su importante distribución en las plantas, los efectos beneficiosos sobre la salud de estas sustancias se han empezado a estudiar de forma relativamente reciente. Durante muchos años, los polifenoles y otros antioxidantes se consideraron protectores celulares contra el daño oxidativo mediante la destrucción de radicales libres. Sin embargo, esta concepción ha demostrado ser excesivamente simplificada, y se ha visto que las células responden a los polifenoles mediante intervenciones directas con receptores o enzimas implicadas en la transmisión de señales, lo cual desencadenaría reacciones más complejas que disminuirían el estrés oxidativo (Ref. 13). La mayoría de la evidencia disponible para los polifenoles proviene de experimentos in vitro o con animales, generalmente llevados a cabo con dosis muy superiores a aquellas que los humanos consumimos mediante la dieta (Ref. 14-17). Como antioxidantes, los polifenoles podría jugar un papel en la supervivencia celular. Como pro-oxidantes, podrían inducir a apoptosis y prevenir el crecimiento tumoral (véase artículo sobre la Ruda en este mismo número para una descripción detallada del concepto de apoptosis) (Ref. 18). Algunos estudios postulan que los efectos biológicos de los polifenoles podrían extenderse más allá de la modulación del estrés oxidativo, aunque por el momento los únicos estudios disponibles proceden de experimentos con animales (Ref. 19).
Muchas organizaciones recomiendan incrementar el consumo decidida en la dieta diaria para prevenir la enfermedad cardiovascular (Ref. 20). Sin embargo, los mecanismos biológicos que explican este efecto protector de la fibra sobre el sistema cardiovascular no son conocidos en su totalidad. Algunos estudios recientes apuntan a una posible disminución de factores inflamatorios (como decíamos a principio del presente artículo, la inflamación es, junto con la hipercolesterolemia, uno de los dos factores principales relacionados con la enfermedad cardiovascular). Un consumo elevado de fibra se ha relacionado con un riesgo significativamente más bajo de sufrir hipertensión, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia. Las recomendaciones más recientes incluyen incrementar el consumo de cereales integrales, fruta y vegetales para aumentar al máximo la variedad y tipos de fibras ingeridos (Ref. 21-22).
Numerosos estudios apuntan hacia un papel protector de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 frente a la enfermedad cardiovascular (Ref. 23). Dada la importancia de estas sustancias y el incremento sustancial de sus indicaciones para favorecer la salud y prevenir la enfermedad, dedicaremos en próximos números un artículo monográfico sobre los beneficios e indicaciones de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3.
En la última década hemos podido comprobar que algunos componentes del vino (tanto el etanol como otras sustancias diferentes presentes en el vino rojo) podrían tener un efecto protector específico sobre el miocardio, independiente de los factores de riesgo clásicos implicados en la aterosclerosis vascular y en la trombosis (Ref. 24). Los mecanismos por los cuales la ingesta de bebidas alcohólicas podría proteger contra el daño cardíaco producido por la isquemia no se conocen con detalle. Así, el efecto protector del alcohol podría tener relación con su acción sobre los lípidos sanguíneos (incremento del colesterol "bueno" o LDL) y sobre las plaquetas (disminución de la agregación plaquetaria), lo que conllevaría una disminución de la obstrucción de las arterias coronarias (Ref. 25-26). Sin embargo, podría haber otros mecanismos implicados, dado que se ha comprobado que el consumo moderado de bebidas alcohólicas mejora de forma significativa la recuperación funcional después de un infarto agudo de miocardio y es capaz de prevenir la muerte súbita de causa cardiaca (Ref. 27-28). Por otra parte, los antioxidantes del grupo de los polifenoles presentes en el vino rojo protegen el corazón al ayudarles a adaptarse al estrés oxidativo. De igual forma, otros estudios han sugerido que la ingesta moderada de alcohol podría tener ciertas propiedades antiinflamatorias (Ref. 29-31). Conclusión Como vemos, cada vez disponemos de mayor evidencia sobre los beneficios para la salud de ciertos alimentos, así como los mecanismos bioquímicos por los que se producen. Sin embargo, curiosamente, la mayoría de las recomendaciones realizadas teniendo en cuenta la evidencia más reciente al respecto no difiere significativamente de las recomendaciones "clásicas" de la naturopatía... Ciertamente menos esperable era el hecho de que el consumo de pequeñas cantidades de bebidas alcohólicas (especialmente el vino rojo, dado que contiene otras sustancias beneficiosas a partir del etanol) tuviera un efecto protector específico para el corazón. En la segunda parte de este artículo trataremos en profundidad sobre los beneficios del ejercicio físico sobre la salud, así como los mecanismos por los que éstos se producen y las últimas recomendaciones al respecto. ____________________________________________________________ 1. R. Ross, Atherosclerosis—an inflammatory disease, N Engl J Med 340 (1999), pp. 115–126. 2. L.A. Bazzano, M.K. Serdula and S. Liu, Dietary intake of fruits and vegetables and risk of cardiovascular disease, Curr Atheroscler Rep 5 (2003), pp. 492–499 3. M.C. Houston, Nutraceuticals, vitamins, antioxidants, and minerals in the prevention and treatment of hypertension, Prog Cardiovasc Dis 47 (2005), pp. 396–449 4. J.A. Blumenthal, C.F. Emery, D.J. Madden, L.K. George, R.E. Coleman and M.W. Riddle et al., Cardiovascular and behavioral effects of aerobic exercise training in healthy older men and women, J Gerontol 44 (1989), pp. M147–M157 5. L.J. Ignarro and C. Napoli, Novel features on nitric oxide, endothelial nitric oxide synthase and atherosclerosis, Curr Atheroscl Rep 6 (2004), pp. 278–287 6. W. Palinski and C. Napoli, The fetal origins of atherosclerosis: maternal hypercholesterolemia and cholesterol-lowering or antioxidant treatment during pregnancy influence in utero programming and post-natal susceptibility to the disease, FASEB J 16 (2002), pp. 1348–1360 7. G. Britton, Structure and properties of carotenoids in relation to function, FASEB J 9 (1995), pp. 1551–1558 8. P. Di Mascio, S. Kaiser and H. Sies, Lycopene as the most effective biological carotenoid singlet oxygen quencher, Arch Biochem Biophys 274 (1989), pp. 532–538 9. L. Arab and S. Steck, Lycopene and cardiovascular disease, Am J Clin Nutr 71 (2000), pp. 1691S–1695S [Suppl] 10. L. Kohlmeier and S.B. Hastings, Epidemiologic evidence of a role of carotenoids in cardiovascular disease prevention, Am J Clin Nutr 62 (1995), pp. 1370S–1376S [Suppl] 11. A.V. Rao and S. Agarwal, Role of antioxidant lycopene in cancer and heart disease, J Am Coll Nutr 19 (2000), pp. 563–569 12. S. Agarwal and A.V. Rao, Tomato lycopene and its role in human health and chronic diseases, Can Med Assoc J 163 (2000), pp. 739–744 13. C. Manach, A. Scalbert, C. Morand, C. Rémésy and L. Jimenez, Polyphenols: food sources and bioavailability, Am J Clin Nutr 79 (2004), pp. 727–747 14. . Scalbert and G. Williamson, Dietary intake and bioavailability of polyphenols, J Nutr 130 (2000), pp. 2073S–2085S 15. A. Scalbert, C. Manach, C. Morand, C. Remesy and L. Jimenez, Dietary polyphenols and the prevention of diseases, Crit Rev Food Sci Nutr 45 (2005), pp. 287–306 16. J.A. Vita, Polyphenols and cardiovascular disease: effects on endothelial and platelet function, Am J Clin Nutr 81 (2005), pp. 292S–297S [suppl] 17. C.L. Keen, R.R. Holt, P.I. Oteiza, C.G. Fraga and H.H. Schmitz, Cocoa antioxidants and cardiovascular health, Am J Clin Nutr 81 (2005), pp. 298S–303S [suppl] 18. H. Sies, T. Schewe, C. Heiss and M. Kelm, Cocoa polyphenols and inflammatory mediators, Am J Clin Nutr 81 (2005), pp. 304S–312S [suppl] 19. J.D. Lambert, J. Hong, G. Yang, J. Liao and C.S. Yang, Inhibition of carcinogenesis by polyphenols: evidence from laboratory investigations, Am J Clin Nutr 81 (2005), pp. 284S–291S 20. M. Aviram, L. Dornfeld, M. Rosenblat, N. Volkova, M. Kaplan and R. Coleman et al., Am J Clin Nutr 71 (2000), pp. 1062–1076 21. D.E. King, Dietary fiber, inflammation, and cardiovascular disease, Mol Nutr Food Res 49 (2005), pp. 594–600 22. B. Olendzki, C. Speed and F.J. Domino, Nutritional assessment and counseling for prevention and treatment of cardiovascular disease, Am Fam Phys 73 (2006), pp. 257–264 23. E.L. Ding and D. Mozaffarian, Optimal dietary habits for the prevention of stroke, Semin Neurol 26 (2006), pp. 11–23 24. C.R. Harper and T.A. Jacobson, Beyond the Mediterranean diet: the role of omega-3 fatty acids in the prevention of coronary heart disease, Prev Cardiol 6 (2003), pp. 136–146 25. A. Rakotovao, C. Berthonneche, A. Guiraud, M. de Lorgeril, P. Salen and J. de Leiris, Ethanol, wine, and experimental cardioprotection in ischemia/reperfusion: role of the prooxidant/antioxidant balance, Antioxid Redox Signal 6 (2004), pp. 431–438 26. E.B. Rimm, K. Fosher, M. Criqui and M.J. Stampfer, Moderate alcohol intake and lower risk of coronary heart disease: meta-analysis of effects on lipids and haemostatic factors, BMJ 319 (1999), pp. 1523–1528 27. J. Ruf, Alcohol, wine and platelet function, Biol Res 37 (2004), pp. 209–215 28. M. de Lorgeril and P. Salen, Wine ethanol, platelets, and Mediterranean diet, Lancet 353 (1999), p. 1067 29. L.H. Abou-agaga, N.K. Khooa, R. Binsacka, C.R. White, V. Darley-Usmare and H.E. Grenett et al., Evidence of cardiovascular protection by moderate alcohol: role of nitric oxide, Free Rad Biol Med 39 (2005), pp. 540–548 30. M. de Lorgeril, P. Salen, J.L. Martin, F. Boucher, F. Paillard and J. de Leiris, Wine drinking and risks of cardiovascular complications after recent acute myocardial infarction, Circulation 106 (2002), pp. 1465–1469 31. A. Rakotovao, C. Berthonneche, A. Guiraud, M. de Lorgeril, P. Salen and J. de Leiris, Ethanol, wine, and experimental cardioprotection in ischemia/reperfusion: role of the prooxidant/antioxidant balance, Antioxid Redox Signal 6 (2004), pp. 431–438 ____________________________________________________________
|
|
|||||||||||||||||