Editorial En este número dos de los tres artículos que presentamos tratan sobre cuestiones relacionadas con capacidades neurológicas, que siempre han sido difíciles de objetivar mediante un estudio clínico: la felicidad y la meditación. La importancia de este tipo de estudios está directamente vinculada en su aplicación en áreas que permitan aumentar el bienestar o potenciar la salud. Existen otros aspectos relacionados con actitudes y capacidades, que también llaman la atención por su influencia en la salud, como por ejemplo: la resiliencia. El término resiliencia fue introducido en el ámbito psicológico hacia los años 70 por Michael Rutter, directamente inspirado en el concepto de la física. En la opinión de Rutter, la resiliencia se reducía a una suerte de "flexibilidad social" adaptativa. Así pues, Matthieu Ricard, además de tomar sus decisiones hacia un estilo y actitud de vida, que bien seguro están relacionados con sus increíbles índices de felicidad, su resiliencia también ha ocupado un papel importante en todo su proceso. El principal inconveniente de la resiliencia es el de no disponer de datos objetivables a través de estudios, que permitan trazar propuestas para mejorar una capacidad que se aprecia muy valiosa. No se conoce si la resiliencia es una característica innata o adquirida, aunque numerosos estudios ( ver Digitalis mayo 2006: “Asociación entre conducta paterna inadecuada y trastornos psiquiátricos entre padres e hijos” ) muestran que en la salud emocional, los factores ambientales prevalecen sobre los innatos, sin descartar que estos últimos también tengan un papel destacado. Mientras esperamos más estudios que permitan dilucidar este tipo de cuestiones, hacemos una reseña sobre los “Diez consejos de la Asociación de Psicología Americana” (APA) para fortalecer la resiliencia:
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