Nutrigenómica:
hacia una nutrición personalizada
Este artículo viene del nº22 de Digitalis

En el número anterior de Digitalis introdujimos el concepto de la Nutrigenómica, así como sus características principales y algunos detalles sobre genética que consideramos importantes a la hora de entender los aspectos más importantes de la Nutrigenómica.

En este artículo profundizaremos en los aspectos más nutricionales (relación con la dieta mediterránea, Nutrigenómica y obesidad, etc.) e incidiremos en los aspectos metodológicos que deberá resolver la investigación en Nutrigenómica para convertirse a corto o medio plazo en la ciencia de la nutrición del futuro…

PARA SABER MÁS

Webs:

www.nutrigenetica.es
Web divulgativa a cargo del Dr. David De Lorenzo.

http://nutrigenomics.ucdavis.edu
Web de la Center of Excellence for Nutritional Genomics

Artículos de divulgación:
Nutrigenómica, entre la ciencia y el fraude ; Investigación y Ciencia, febrero 2008

Libros:
Kaput J.
, Rodriguez RL: Nutritional Genomics. Discovering the Path to Personalized Nutrition.

Hoboken, N.J.: John Wiley and Sons; 2006

Fuentes de información en Nutrigenómica
En Europa, existe una importante red de especialistas en Nutrigenómica (que son destacados referentes mundiales), la Red de Excelencia Europea de Investigación en Nutrigenómica, la NuGO (the European Nutrigenomics Organization). La NuGO es una red única en este campo, avalada por la concesión por parte de la Comisión Europea del distintivo de “red de excelencia investigadora” y por la calidad científica de sus miembros. La existencia de dicha organización en el ámbito europeo pone de manifiesto el gran interés que genera el tema de la Nutrición y la Nutrigenómica. Web: www.nugo.org/

 

 

Dieta mediterránea y Nutrigenómica

Como es bien sabido por nuestros lectores, las características principales de la dieta mediterránea son un alto consumo de vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y otros cereales), siendo el trigo el alimento base, el aceite de oliva como grasa principal, un mayor consumo de aves y pescado que de carnes rojas, y el consumo regular de vino en cantidades moderadas.

Las propiedades que se atribuyen a la dieta mediterránea se basan en la constatación de que, aunque en los países mediterráneos se consume más grasa que en otros países como por ejemplo los EE.UU., la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor. Las causas parecen estar en el mayor consumo de pescado, en especial pescado azul, rico en ácidos grasos omega-3, en el alto consumo de aceite de oliva (que reduce los niveles sanguíneos de colesterol) en lugar de grasas animales y, finalmente en el consumo de vino, que en cantidades moderadas (es decir, un vaso por comida) tiene efectos beneficiosos.

Un aspecto importante a la hora de estudiar las características Nutrigenómicas de diferentes poblaciones es el hecho de que cada población tiene sus propias mutaciones genéticas que son características de esa zona geográfica y de esa cultura. Es decir, una mutación de un gen detectada en EE.UU. puede o no replicarse en España. Por esta razón es preciso llevar a cabo estudios por regiones, y no se pueden extrapolar los resultados de los estudios a cualquier población. Obviamente, este es un aspecto que otorga una gran complejidad al campo de la Nutrigenómica, sobre todo si tenemos en cuenta que actualmente las poblaciones son cada vez más heterogéneas en cuando a variabilidad genética de sus individuos debido a los fenómenos migratorios.

Así, en palabras del Profesor Ordovás, “la denominada dieta mediterránea pone de manifiesto el concepto de Nutrigenómica y la relación de los genes con el entorno individual (medioambiente, costumbres, hábitos, etc.); la dieta mediterránea es una excelente acomodación de la genética de la población mediterránea a las condiciones del entorno, y es fruto de la transmisión generación tras generación de unos hábitos alimentarios que ayudan a mantener una mayor longevidad. Es, en definitiva, la expresión de la adaptación del organismo al medio a través de la dieta”.

Nutrigenómica y obesidad

La obesidad es un problema de características crónicas que se caracteriza por un incremento excesivo de los depósitos grasos del organismo. La obesidad se asocia a un conjunto de patologías, como la diabetes mellitus tipo 2, la dislipemia (elevación del colesterol y/o triglicéridos en la sangre), la hipertensión arterial y la enfermedad cardiovascular. Estas patologías pueden mermar de forma importante la expectativa de vida de una persona.

La forma más objetiva de mesurar el grado de obesidad de un individuo es el cálculo de un parámetro denominado índice de masa corporal (IMC), que informa de la relación entre el peso y la talla de un individuo. Así, cuando el IMC es superior a 25 se considera sobrepeso, y a partir de un IMC de 30 hablamos habitualmente de obesidad (la cifra aceptada comúnmente como normal es de 20-25).

El Prof. JM Ordovás, director del Laboratorio de Nutrición y Genómica del Human Nutrition Research Center on Aging (HNRCA), considera fundamental la identificación de los genes implicados en la obesidad y la creación de su mapa genético, con la finalidad de averiguar con precisión el riesgo individual de padecerla, así como diseñar el tratamiento adecuado para alcanzar el peso normal o el tipo de dieta o actividad física para prevenirla.

La expresión de un gen vinculado a la obesidad está determinada por el entorno del individuo y por su interrelación con otros genes. En la actualidad se han identificado 250 genes relacionados con la obesidad, aunque todavía no ha quedado demostrado que todos ellos confieran un riesgo independiente de padecer obesidad.

 

Retos para la investigación en Nutrigenómica

A pesar del atractivo panorama que hemos descrito para la Nutrigenómica, ésta todavía se enfrenta a muchos retos. Muchos de los estudios sobre interacciones entre la dieta y los genes han sido llevados a cabo en poblaciones relativamente pequeñas, por lo que disponen de un poder estadístico limitado. Muchos de estos hallazgos no se replican en estudios posteriores, lo cual hace pensar que algunos de estos hallazgos podrían constituir falsos positivos (un falso positivo es el resultado de una prueba que indica que una persona padece una enfermedad o afección determinada cuando, en realidad, no la padece.).

Para superar este tipo de dificultades, es fundamental diseñar y llevar a cabo estudios con muestras muy amplias. Sin embargo, esto presenta diversos problemas técnicos y logísticos. Los estudios tipo caso-control están sujetos a sesgos que podrían limitar el valor de los mismos para la inferencia de interacciones gen-ambiente, relacionadas de forma primaria con la evaluación de exposiciones ambientales. Se ha sugerido, por tanto, que el estudio de las interacciones gen-ambiente debe implicar estudios prospectivos de cohortes con muestras grandes. Este tipo de estudios son muy costosos y suelen necesitar un tiempo prolongado para producir resultados analizables desde el punto de vista estadístico. Por otra parte, la evaluación de la ingesta dietética de los diversos nutrientes es una ciencia imprecisa (muchas personas no recuerdan exactamente lo que comen o presentan una dieta variada a lo largo del tiempo) y esto contribuye a aumentar el margen de error y disminuir el poder estadístico de la investigación. Por lo tanto, todavía debemos refinar nuestra forma de identificar la ingesta diaria de los diversos nutrientes.

 

El futuro de la Nutrigenómica

Si las actuales predicciones de futuro acerca de la Nutrigenómica se cumpliesen, podría ser que a medio plazo las pruebas genéticas se convirtieran en la base de recomendaciones dietéticas y de ejercicio personalizados.

Como ya se ha comentado, si bien la investigación sobre Nutrigenómica se encuentra todavía en una fase incipiente de desarrollo, existen ya empresas que comercializan (normalmente a través de Internet) pruebas de Nutrigenómica. Estas empresas recomiendan dietas personalizadas a sus clientes, así como consejos sobre el estilo de vida que más les conviene. En efecto, el mercado que puede generar la Nutrigenómica es enorme, y sin duda asistiremos a lo largo de los próximos años a un importante desarrollo de las ofertas comerciales que incluyan recomendaciones personalizadas basadas en la Nutrigenómica. No obstante, hemos de decir que, por el momento, dado el escaso desarrollo actual de la Nutrigenómica, es muy difícil realizar todavía consejos personalizados y por lo tanto tales recomendaciones suelen ser más generales que individuales. De hecho, algunos medios de comunicación se han hecho eco de negocios fraudulentos relacionados con la Nutrigenómica (Nutrigenómica, entre la ciencia y el fraude; Investigación y Ciencia, febrero 2008).

Por lo tanto, es necesario desarrollar una regulación que garantice la credibilidad y fiabilidad de las pruebas genéticas que se utilizan en Nutrigenómica, con la finalidad de disponer de aplicaciones prácticas para la salud dentro de un marco coherente. Por este motivo, por el momento parece razonable ser cautos a la hora de encargar un “análisis genético”, ya que en la actualidad dicho tipo de análisis dista mucho de ser completamente personalizado, y se suele basar más bien en recomendaciones generales teniendo en cuenta el sexo y la edad de la persona en lugar de sus características genéticas.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el hecho de que hasta que no se produzca un desarrollo en la genética y podamos comprender de forma más profunda cuáles son los genes que causan las enfermedades más comunes y cuáles son los mecanismos implicados en su génesis, será prácticamente imposible poder dilucidar con exactitud la forma en que determinadas dietas o determinado tipo de nutrientes pueden influir sobre un gen determinado.

Existen, no obstante, algunos ejemplos muy claros en los que sí es posible un consejo nutrigenómico objetivo y basado en evidencias científicas sólidas. Uno de estos ejemplos es el caso de la fenilcetonuria y la galactosemia, enfermedades en las que se recomienda una dieta pobre en fenilalanina y rica en tirosina o bien libre de galactosa, respectivamente. En estos casos, se realiza un test genético que pone de manifiesto la existencia de una mutación en los genes que codifican las proteínas implicadas directamente en el metabolismo de estos nutrientes.

Por otra parte, es importante mencionar que no todos los genes que son críticos para una determinada enfermedad están implicados de forma directa en la génesis de dicha enfermedad o en el beneficio nutricional. Por ejemplo, las variantes genéticas de la Apolipoproteina (APO E4) pueden modificar la efectividad clínica de una sustancia denominada tacrina, que se utiliza en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, y también pueden modificar los beneficios dietéticos potenciales de la vitamina E en la enfermedad de Alzheimer. De hecho, un estudio llevado a cabo por Morris y colaboradores en 2002 y publicado en la prestigiosa revista JAMA concluyó que la vitamina E proveniente de la dieta podría asociarse con una reducción del riesgo de enfermedad de Alzheimer, pero que esta asociación se observó únicamente en aquellos individuos que no poseían esta variante genética denominada alelo APO E4.

Las interacciones entre la dieta y los genes podrían también explicar por qué algunos individuos responden más favorablemente a las intervenciones dietéticas que otros. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por Svetkey y colaboradores demostró que las medidas dietéticas para reducir la hipertensión arterial funcionaban peor en los sujetos que eran portadores de una determinada variante genética del gen que codifica el precursor de una molécula denominada angiotensina, que influye en la regulación de la tensión arterial.

 

Conclusión

A lo largo de estos dos artículos, hemos intentado introducir al lector en este nuevo e interesante campo que sin duda será cada vez más importante para todos aquellos que se preocupan por la relación entre la dieta y la salud.

El desarrollo de la genómica funcional en los próximos años condicionará cambios en el conocimiento teórico y la práctica clínica de la nutrición.

La posibilidad de determinar el perfil genético de un individuo (variaciones genéticas y modificaciones epigenéticas) y de conseguir la integración de estos datos en una compleja red de interacciones metabólicas constituye un desafío sin precedentes en la nutrición humana.

La aplicación práctica del conocimiento científico puro derivado de la Nutrigenómica, en términos de prevención y tratamiento de la obesidad, la DM2 y las enfermedades cardiovasculares, y sus implicaciones en la salud pública, son en este momento todavía indeterminadas.

La posibilidad de una intervención nutricional en periodos críticos del desarrollo y la capacidad de modificar la susceptibilidad genética a ciertas enfermedades a través de la alimentación es el gran reto de la Nutrigenómica, más allá del diseño de dietas o alimentos funcionales “personalizados”.

Silveira y cols.; Nutrigenómica, obesidad y salud pública. Rev Esp Salud Pública 2007

 

REFERENCIAS

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Publicación de ISMET sobre investigación en Terapias Naturales 7 de Septiembre 2010

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